CARLOS STENERI
El panorama económico internacional a comienzos del 2011 se presenta más auspicioso de lo esperado, lo cual no lo exime de mostrar zonas grises o dilemas cargados de tensiones.
Ello incluye que Estados Unidos confirma que su tasa de crecimiento va en aumento sobre bases sólidas, alejándolo de empantanarse en una recesión endémica similar a la que muestra Japón.
Por su lado, un informe reciente del FMI proyecta que los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) continuaran con sendas robustas de crecimiento. Una segunda línea de países emergentes relevantes, México, Turquía, Indonesia, Corea y Malasia, también mostrarían un comportamiento similar.
En tanto, Europa proyecta sombras al no resolver la crisis de endeudamiento en algunos de sus países periféricos. Ese foco de inestabilidad con repercusiones potenciales sobre el sistema financiero del viejo continente, lastra su crecimiento, irrita las relaciones entre sus miembros, y su dilatoria en resolverlo agrega costos de salida.
Ese panorama asegura que los países emergentes continuarán recibiendo el impacto de una enorme liquidez internacional, facilitada por la expansión monetaria norteamericana, lo cual presionará la caída de su tipo de cambio real y desvelará a las administraciones respectivas en su intento de mitigarla. También, ayudará a sostener el precio de los commodities, incluyendo los agrícolas por el efecto simultáneo de una demanda agregada en aumento y por ser un refugio natural contra la depreciación esperada del dólar.
Bajo ese escenario, subsistirán tensiones aun no resueltas, focalizadas en sus inicios en la llamada “guerra de las monedas”, la esperanza de encontrar un mecanismo efectivo de controlar la entrada de dinero “caliente” (en lo cual el FMI está involucrándose y de lo cual soy escéptico) y el riesgo de que esa frustración se transforme en proteccionismo comercial.
ESTADOS UNIDOS. El último indicador de creación de empleo (103.000 plazas de trabajo semanales) confirma una tendencia que se venía insinuando desde mediados del año pasado. Y el optimismo reinante sobre su permanencia se apoya en dos aspectos básicos. El primero estriba en que la crisis financiera no vulneró sus fuentes de crecimiento genuinas, siendo las más relevantes la alta productividad subyacente en su sector real y de servicios, y una estructura demográfica favorable comparándola con la del resto del mundo desarrollado. El segundo aspecto es la efectividad en la instrumentación de políticas en tiempos de crisis. Quedará para los anales de la historia económica analizar la efectividad de la batería de políticas descargadas a partir del 2008 para revertir una crisis financiera insondable. Pero lo que es innegable es que sus responsables pusieron toda la carne en el asador, mostrando liderazgo y compromiso, arriesgando incluso la incursión en rutas de salida inocuas o equivocadas. Sin embargo, lo válido era el desvelo por buscar una salida, hecho esencial en tiempos de crisis.
El resultado es que su tasa de crecimiento converge hacia niveles del 3% anual, no descartándose que irrumpa inicialmente a niveles del 4%. Más importante aún, esa trayectoria es impulsada por un ascenso de las exportaciones netas y un aumento del ahorro doméstico, hoy cercano al 7% y, como opinan muchos analistas, no lejos de su nivel deseable del 9-10% de su Producto Bruto. Ese ha sido un cambio estructural de magnitud enorme, si pensamos que apenas un par de años atrás era nulo, lo cual muestra la flexibilidad estructural de la economía más grande del mundo.
Algunas de sus consecuencias son una cierta neutralización del debilitamiento del dólar impulsado por la expansión monetaria en curso, la continuación de la valorización de su mercado accionario comenzada a fines del 2009 y la disminución de las presiones políticas para aumentar el proteccionismo o forzar a China a revaluar su moneda.
LA VISIÓN DE BRASIL. El país norteño inaugura el año con una nueva administración, donde todo hace prever la profundización del modelo del ex presidente Lula. Sin embargo, afloran ya algunos matices traslúcidos a través de la retórica de su ministro de Hacienda, Guido Mantega. En un reportaje reciente en el Financial Times (1) siguió mostrando preocupación por la apreciación del real, reconociendo que la expansión del gasto público a partir del 2008 para compensar el impacto de la recesión mundial es parte del problema, al exigirle a la política monetaria toda la carga de la lucha antiinflacionaria. Su resultado es un aumento de la tasa de interés (actualmente 10,75%) que incentiva la entrada de capitales y la consecuente apreciación cambiaria.
Sus palabras son elocuentes: ” En 2011, reduciremos la presencia del Estado ya que la economía está parada en sus pies. Ya estamos cortando el gasto, y su monto preciso estará definido en el presupuesto que estaremos finalizando en las próximas semanas”.
En paralelo, se está gestando una nueva ronda de concesiones cuyo punto de arranque es el pasaje total bajo ese régimen de la mayor parte de la infraestructura física aeroportuaria y su ente administrador.
También deslizó que la política monetaria laxa de la Reserva Federal está convirtiéndose en una herramienta de promoción comercial, que puede desatar rondas proteccionistas. Al respecto menciona que uno de sus resultados es la aparición de un déficit comercial considerable con Estados Unidos de 6.000 millones de dólares, en vez del tradicional superávit de 15.000 millones de dólares.
Aunque es prematuro hacer pronósticos finales, sin duda hay un cambio en el tono que anticipa más ortodoxia fiscal con mayor activismo en los intentos de contener la apreciación cambiaria y reducir los desequilibrios con sus socios comerciales.
Históricamente, Brasil ha tenido una visión mercantilista de su comercio exterior, donde todo saldo desfavorable es visto con preocupación. Si esto es un anticipo de una batería de medidas proteccionistas selectivas o generales, es difícil saberlo. De todos modos, de dónde viene y por quién es dicho, genera un toque de atención no desdeñable. Este tema, junto con las medidas para mitigar la apreciación cambiaria, serán puntos altos en la agenda doméstica del gobierno y serán llevados a los distintos foros internacionales y regionales para su discusión y tratamiento.
2011 Y NOSOTROS. Ese escenario benévolo combinado con algunas interrogantes seguirá proyectándose sobre Uruguay bajo la forma de una demanda sostenida para la mayoría de su oferta exportable. También continuarán incidiendo las fuerzas que tonifican la apreciación de su tipo de cambio, sean estas transmitidas a través de la expansión de su gasto doméstico, incluido el fiscal, la inversión directa extranjera y las entradas autónomas de capital.
Estos escenarios favorables, la mayoría de las veces distraen o promueven displicencia. En realidad, las administraciones están más preparadas para lidiar con la adversidad que para transitar en bajada. Y eso es resultado natural de un sentir social, fundamentalmente de los más relegados, que el cielo de la bonanza expresado en mayor consumo estaba más cerca de lo esperado. Ahí no importa saber si el cielo bajó por efecto de la bonanza internacional o porque subimos la escalera genuina del aumento de la productividad social.
Debemos reconocer que sobre esta encrucijada difícil, se afinca el arte de gobernar. De ella no escapan posiciones políticas particulares, pues hay ejemplos sobrados de que ya pasamos por cruces de caminos similares y se hizo difícil tomar la senda correcta.
De todos modos, no se puede transar. El presidente Mujica recientemente ha dicho que el 2011 será el año de las realizaciones. Eso es lo que se espera.
(1) Financial Times, 9 de enero de 2011.
Fuente: Economía y Mercado